Saturday, January 03, 2009

Matilde "la india" , flagelada, encadenada y muerta por caucheros de la Chorrera en Loreto


Entre los nuevos contenidos de http://www.lorito.com.pe/ en éste año que empienza, me agradó encontrar el contenido de la denuncia hecha por el periodísta Benjamín Saldaña Roca en "la Sanción" sobre las atrocidades que cometian los caucheros en el Putumayo el 9 de agosto de 1907 (hace 101 años).



Más que una denuncia parece un argumento de una película de terror, les dejó el párrafo que me dio mucha curiosidad.





........El lujurioso Bartolomé Zumaeta, empleado subalterno de la Chorrerra; se apasionó de la hermosura de una infeliz india llamada Matilde y no pudiendo conseguir de ella voluntariamente sus favores y posesión, recurrió al crímen tomándola por la fuerza, no obstante la protestas de su "compañeros" y después de satisfacer sus apetitos carnales, la flajelo, encadenó y encerró en el depósito del Caucho, donde quedó moribunda falleciendo a los pocos diás. .......



(Estoy agregando la tercera parte de la denuncia, las otras 4 se encuentran en http://www.lorito.com.pe/)



No puedo negar que me surge mucha curiosidad de pensar como habrá sido Matilde, y sobre todo la lujuria que se habrá generado en el tal Zumaeta. El cauchero no se pudo resistir, su impotencia lo traicinó, y lo que no pudo conseguir como macho lo forzó a actuar como asesino. En fin en el caso Arana y los caucheros del Putumayo aún hay mucho de que hablar.






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Friday, June 20, 2008

Testimonio sobre las caucherias de la Casa Arana

Los "muchachos" de Arana junto a uno de los más de cientocincuenta
capataces traídos desde las Isla Bárbados como supervisoresde la compañía
cauchera en 1903.
Mr Brown
Julio C Arana
Fotos Facilitadas por www.lorito.com.pe



El termómetro marcaba 32 grados centígrados a la sombra. Y resolvimos entrar al Café La Tagua a tomarnos una “Costeña’’ helada. Su propietario don Francisco Cabrera, viejo pionero de la región y veterano del conflicto de Leticia, nos hizo largas reminiscencias de las caucherías con varios relatos de crímenes y depredaciones de la Casa Arana, con todo su cortejo de ingratos recuerdos de la época en que la amazonia colombiana era llamada el “Infierno Rojo”. Con voz subida de tono, nos dice:
“¿Y no conocen al negro Brown? “. “Fue el capataz de los verdugos de la Casa Arana”. Le dicen en toda la región “Mister Brown’’.”Trabaja en la base naval”.
Nunca sospechamos que un personaje de “La Vorágine’’ estuviera cerca de nosotros. Se nos grabó el nombre: negro Brown. Le dicen “¡Mister Brown!”.
Después de oír a nuestro huésped interesantes narraciones sobre las caucherías, vida de los indígenas y más reminiscencias de la Casa Arana, nos despedimos rumbo a Puerto Leguízamo.
El nombre de “Capataz de los verdugos” fue el tema de conversación de sobre mesa. Por la noche, en el confortable camarote del “ARC Leticia” que gentilmente el Comandante de la Base Naval había asignado a los expedicionarios, la conversación recayó sobre ese extraordinario personaje. Vinieron a cuento la vida azarosa de Arturo Cova, el esfuerzo vital de Clemente Silva y la explotación de los indios por los caucheros blancos. Y nos dormimos profundamente.
El despertar fue maravilloso. A unos pocos centenares de metros la esplendorosa selva del Putumayo aparecía a nuestra vista y frente a nosotros la frontera del Perú. Después del desayuno en la Cámara de Oficiales preguntamos por Mister Brown al oficial de guardia, teniente Vargas, quien amablemente lo hizo llamar por el altoparlante: “Señor John Brown presentarse al Comando de la Base”, por tres veces consecutivas. Esperamos media hora. Viendo que Mr. Brown no aparecía, el Teniente Vargas nos indicó a lo lejos una casita blanca, lugar de su residencia y dijo que el negro trabajaba en la remonta como encargado del gallinero.
A las 3 p.m. fuimos en grupo a visitarlo. Traspasamos la puerta de un extenso lote cercado de malla de alambre con una casita al centro. Saludamos en voz alta: “¡Buenas tardes señor Brown!”, le dijimos. –Somos de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano y estamos en gira de estudio. Deseamos que el país conozca las posibilidades, problemas y necesidades de esta región. “Muy bien”, contestó secamente.
Nos encontramos frente a un negro de 1.85 metros de estatura, blanco de canas, sin dientes y algo de desconfianza. En su buena época tuvo que ser un gigante pues a pesar de sus 85 años, bien vividos, denota que fue un dominador de hombres y manigua. En un español con marcada pronunciación extranjera nos contestó a la primera pregunta, amablemente, no sin antes haber cambiado ideas sobre avicultura y diferentes aspectos de la región. Cuando ya le inspiramos más confianza, Roberto Sanabria, estudiante de Recursos Naturales y avicultor, le habló de colega a colega, soltándole la primera pregunta.
-¿Dónde nació usted, Mister Brown?
- Nací en Chicago en el año de 1873. Es la ciudad a orillas del Lago Michigan. Soy nieto de esclavos.
- ¿Qué lo trajo hacia estas tierras? Le preguntó nuevamente.
- Pues la leyenda del oro líquido (el caucho) atrajo a muchos blancos y a muchas gentes de todo el mundo. Yo trabajaba como maquinista en barcos ingleses y me vine en uno que navegaba al Amazonas. Me embarqué en 1903.
- ¿Conoció a los dueños de la Casa Arana?, le preguntó Monroy.
- Los conocí a todos, hasta los fundadores. Y nos explica que la casa Arana fue fundada por unos colombianos, los Calderón y el pastuso Benjamín Larrañaga. Estos se asociaron a los peruanos Julio, Lisandro y Abel Arana y Carlos Seminario, para constituir la firma “Larrañaga, Arana y Cía.”, que más tarde se convirtió en “Arana Hermanos” y después en “The Peruvian Amazon Co.”, con sede en Londres.
- ¿En qué año comenzó a trabajar en esa Casa?
- Me contrataron en Iquitos en 1903 y trabajé con ellos por todo el Amazonas, principalmente en los ríos colombianos, hasta 1911.
- ¿Cuántos indios trabajaban en la Casa Arana?
- Alrededor de sesenta mil indígenas.
- ¿Y cómo era la cacería de indios?
- La Casa Arana organizaba con unos 200 capataces partidas de caza para capturar indios con destino a las caucherias.
- ¿Y por orden de quién se hacían?
- Pues por orden de los altos empleados de la Casa.
- ¿Y quiénes eran los capataces de la Casa?
- Los mismos indios servían de capataces.
Seguí yo interrogándole y pregunté quienes flagelaban a los indios.
Se quedó pensativo y contestó:
- Como le dije, los mismos indios tenían sus capataces que eran los flageladores.
- ¿y usted de quién dependía?
- Mi jefe era el peruano Abel Agüero. Pero los había de otras nacionalidades.
- ¿Cómo trataban los blancos al indio y qué salario le pagaban?
- Por todo salario el indio recibía un pantalón y una camisa cada tres meses después de haber entregado su cuota de trabajo que consistía en muchos kilos de caucho. La comida tenía que procurársela el indio, pescando y cultivando la yuca para hacer la “fariña” en sus horas libres que, por ciento, eran muy escasas.
- Se dice que cuando el indio no cumplía con su cuota de trabajo lo azotaban con látigo. ¿Es cierto?
- Si no cumplía con sus obligaciones al indio lo azotaban sus mismos capataces con un látigo, hecho de cuero de danta, con cuatro chicotes en sus extremidades. Había muchos que no resistían el castigo y morían.
- ¿Cómo supieron en el mundo las atrocidades de la Casa Arana?
- Cuando la Casa Arana se transformó en la Peruvian Amazon Co vinieron Mr. W.E. Hardenburg y otro periodistas a quienes yo les denuncié los crímenes que estaban cometiendo los peruanos y les di todos los datos que sirvieron para publicar el Libro Rojo del Putumayo, publicado por el Gobierno Inglés, para relatar al mundo las atrocidades de la Casa Arana, en donde se afirma que en 10 años el número de los indios se redujo de 50.000 a 10.000, lo que dio un promedio de 4.000 asesinatos por año. Yo tenía un manuscrito con valiosos apuntes que me lo hicieron desaparecer los peruanos. Y también me quisieron asesinar. Pero un amigo me avisó a tiempo y me salvé milagrosamente. Mr. Brown cree que está viviendo en esa época y finaliza el párrafo: “Los peruanos me mascan pero no me pasan”.
Le pregunté si él conoció a los personajes de “La Vorágine”: se pone serio y con algo de mal humor denota que el tema no le agrada y dice:
- Esa es pura novela. Dice muchas mentiras. José Eustasio Rivera no estuvo aquí. Esa novela no es de él. Para escribirla le compró el manuscrito a Arturo Cova, recogió datos de Miguel Pezil, de Larrañaga y del Libro Rojo del Putumayo.
Le pregunté si había conocido a esos personajes y dijo:
- Conocí a Arturo Cova y a Miguel Pezil y a Alicia. La turca no existió – Se refería a Zoraida Airam-. Había muchas por el estilo y de diferentes nacionalidades.
Es todo mentira, ¡pura mentira!
Esperamos que se calmara un poco y le ofrecí un cigarrillo.
- ¿No piensa regresar a su patria Mr. Brown?, le dije.
Contestó con un rotundo no. Nos explicó que cuando alguna vez estuvieron funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos, inclusive el propio Embajador conociendo el Putumayo, él había hablado con todos, quienes le hicieron la misma pregunta a lo cual Mr. Brown les dijo mostrándoles su piel: “Allá no quieren a los negros, prefiero quedarme en la selva”. Y mostraba con el índice la piel de sus manos morenas.
Lo notamos un poco cansado y resolvimos no hacerle más preguntas. Pero no parecía tal, pues se levantó del asiento y sacó una maleta que tenía debajo de la cama rodeada de un mosquitero. La abrió con cuidado y extrajo de varios sobres algunos papeles, entre otros, unos certificados por servicios que prestó durante el conflicto con el Perú. Y nos habla con vehemencia de que en dos oportunidades luchó por Colombia. En el sitio de La Pedrera, al mando del General Gamboa, en 1912, con un grupo de 30 valientes pusieron a raya 400 soldados peruanos, comandados por el más tarde Mariscal Benavides, hasta que lograron burlarlos y, cumplió, más tarde, varias misiones importantes durante el conflicto de Leticia. Nos muestra, haciendo ademán de satisfacción un documento que indica la misión pormenorizada que cumplió a través de la selva en medio de grandes penalidades.
Le preguntamos si no tenía familiares. Y con una sonrisa nos dice.
- He tenido 18 hijos en la amazonía, sus madres son brasileras, peruanas y colombianas, todas murieron. Además he sido colono, fundé a Puerto Brown, sobre el Putumayo, del cual no existe sino el sitio.
En la selva retumbaba un nombre: Brown… Brown…

Tomado de: Molano Campuzano, Joaquín. LA AMAZONIA , MENTIRA Y ESPERANZA

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Tuesday, May 27, 2008

Ejercito Peruano deja morir con tuberculosis a humilde loretano

Foto de Mujer condenada a muerte de hambre, en plena época cauchera Buscador de Fotos Históricas de Lorito.com.pe http://www.lorito.com.pe/BuscadorFotos.aspx


No tengo muchos minutos para escribir, si lo hago es porque no puedo contener mi cólera por el atropello que hace el ejercito sobre la gente humilde del Perú.

Juan Diego se llama un sargento segundo que regresó casi muerto a Iquitos, con tuberculosis e infección generalizada de todos sus órganos. Este joven se encontraba en calidad de desaparecido para su familia desde hace buen tiempo. Ayer falleció y su familia no lo volvió a ver vivo.

Hace 2 años salió de su casa en busca de trabajo, se unió a un grupo de madereros, y fue capturado como indocumentado por el ejercito, y en contra de su voluntad le obligaron a “servir su patria”. Desde allí sus amigos madereros nunca conocieron su paradero, su familia que económicamente es muy humilde, nunca pudo saber de él, es que en el ejercito nunca saben responder a preguntas, nadie es amable, se me hace que los padres de los militares nunca pisaron el colegio. Así pasaron los meses hasta que hace unos días recién lo trajeron al Hospital Santa Rosa de Iquitos, donde ayer falleció.

Cuando falleció recién comunicaron a su familia y lo llevaron a su humilde casa situada en el Asentamiento Humano Nuevo Versalles. La madre comenta hoy muy temprano en la radio “El se fue en busca de trabajo, se fue sano sin ninguna enfermedad”, y lo peor de todo es que según el ejercito, Juan Diego recién se enroló en el ejercito hace 2 meses, con la finalidad disminuir la responsabilidad de gastos de sepelio y cualquier otro beneficio que pueda tener. Para el velorio la ayuda del ejercito ha sido bien mínima.

En la mañana los reporteros de radio la Karibeña, preguntaron a un teniente sobre las circunstancias de la enfermedad, el teniente dijo al reportero que no podía dar ninguna información. Y que se acerque a la oficina del ejercito. Lo que el periodismo ahora se pregunta, es ¿como un recluta? en tan solo 2 meses ha podido llegar a ser Sargento Segundo?, y ¿Cómo un soldado va morir de tuberculosis e infección general como parte del ejercito, eso suena más a abandono y castigo de hambre.

Me indigna lo que hace el ejercito, son campeones en matar peruanos, sin embargo a la hora de cuidar nuestras fronteras, o la dignidad nacional, allí se esconden bajos su cama. Por eso hemos perdido todas nuestras guerras. Un periodista radial comenta: "Haber si hubiera sido un oficial, ahí no lo hubieran dejado morir, le hubieran llevado a Lima, es que pues la vida de los soldaditos no vale nada".

Este hecho me recuerda al trato que daba Arana a los indígenas caucheros, en la selva nada ha cambiado, las instituciones del gobierno como el ejercito y los empresarios madereros, desde siempre dan a la gente del sector rural trato de animales. Ya pasamos el año 2000 y tenemos este tipo de circunstancias. Si la gente del mundo quiere conocer como era la vida a inicios del siglo pasado, tiene que venir a la zona rural de Loreto, donde todo sigue igual. Acá seguimos sin saber que existen los derechos humanos, se esclaviza a la gente capturándolos como si fueran animales nadie en el sector rural tiene desagüe, y lo peor de todo tampoco llegan los colegios, el agua potable, ni la administración de justicia.


En Loreto es crónico enterarse de los maltratos del ejercito a la gente de la zona rural, incluso hace unos meses un soldadito que fue golpeado según dijo en el ejercito, murió lentamente llamando a la prensa, nadie se acercó. Que pena que nadie los defienda, ni la defensoría de pueblo, es que los pobres no tienen dinero, en verdad siento frustración, creo que me equivoqué de carrera, pues mejor hubiera estudiado derecho.

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Friday, February 22, 2008

Emilio Romero ¿El Arana del Siglo XXI?

Desde hace un tiempo vengo escuchando sobre las intenciones del grupo Empresarial de los Romero, para apoderarse de miles de hectáreas de territorio Amazónico. Son tan grandes sus influencias que incluso han hecho que se generen ciertas confusiones respecto a la delimitación territorial entre San Martín y Loreto.
No tengo nada contre los empresarios y la libre empresa, al contrario las empresas son la mayoría de veces las que impulsan el desarrollo en la naciones. Ejemplos a citar hay miles como Nokia en Finlandia, Daewo en Korea o los supermercados Walmart en los Estados Unidos.


Sin embargo me preocupa que el mismo gobierno se ponga a sobonear los planes y ambiciones de los Romero, primero con las intenciones de la llamada “Ley de la Selva”, cuyas disposiciones se adaptan para que empresas como las del grupo Romero puedan apoderarse de más terrenos extensos, la segunda es que ahora se use al ejercito que pagamos todos los peruanos para amedentrar a los peruanos más excluidos del Perú que viven en la amazonía, como se indica en el articulo adjunto (fuente: Diario Proycontra). Eso si ya es un abuso, estamos viviendo en carne propia una situación parecida a la vivida en Loreto hace un siglo con Julio Cesar Arana, cuando parecía que la empresa de éste era el dueño absoluto de todo Loreto, todos le debían, a todos sometía, y no existía la mínima administración de justicia y consideración para nadie, que no se relacione a él.


Lo peor que nos pasaría, es el hecho de que dentro de varias décadas se reconocerán a los Romeros, como pioneros o héroes, mismo Julio Cesar Arana.


Atemorizan a pobladores a dos días de consulta popular.

Para los pobladores de los valles de Pampa Hermosa y Shanusi, el mensaje esta claro. Si intentan defender sus territorios les puede ir mal. Y es que a solo dos días de llevarse a cabo la consulta popular donde la población expresará si desean o no que se vendan los bosques amazónicos, un grupo de efectivos del Ejercito Peruano ingresaron a los territorios que tiene el Grupo Romero en esa provincia, para darles seguridad, aunque intentan justificar su presencia indicando que solo realizan practicas de tiro en ese terreno privado. “El gobierno no ha encontrado mejor forma de amenazar a los campesinos para que no defiendan sus tierras, que poner a las fuerzas armadas como seguridad y fuerza de choque frente al pueblo. Hoy hubo tiroteo y bombas, llamé al general del Ejercito para exigir explicaciones, y este dijo que estaban entrenando, pero que llamaría para que dejen de hacerlo”, indicó Cesar Hernán Soria Viena, alcalde de Barranquita.
La representante de Defensoría del Pueblo en San Martín, al tener conocimiento de este hecho, solicitó información a la base militar de esa región, pero el jefe respondió que solo estaban entrenando y que el lugar del entrenamiento era en Loreto y no San martín. Es preciso indicar que el Valle Shanusi se encuentra en la frontera entre ambas regiones.
La empresa Palmas del Espino, propiedad del Grupo Romero, cuenta con cuatro mil hectáreas de terreno en los valles de Pampa Hermosa y Shanusi (Loreto), además tiene territorio en Barranquita, San Martín. La intención de la empresa es abarcar 11 mil hectáreas, dijo el Gerente General, Ronald Campbell. Esas tierras fueron entregadas durante el gobierno de Robinson Rivadeneira. Fue el ex presidente regional junto al entonces Ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski, quienes apadrinaron la inauguración de estas empresas.

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Saturday, February 09, 2008

JULIO CESAR ARANA EL GENOCIDA PERUANO


Por allí me facilitaron el acceso a unas fotos de páginas de LA FELPA, Quincenario Político, Satírico y Caricaturas, y uno de los medios emblemáticos de Iquitos del principio del siglo pasado.


Donde abordan temas de coyuntura del momento, la foto que estoy mostrando es una ilustración de todo el escándalo surgido a raiz de la denuncia de las masacres de indigenas del Putumayo, hechas por los caucheros.



El dibujo es impactante, que pena que se recuerde poco el tema, se habla muy poco de ello en el sistema educativo loretano y peruano. Y es más en diversas ciudades amazónicas existen muchas calles con nombres de Arana y otros caucheros como Carlos Fermin Fitzcarrald. Que son recordados y homenajeados por lo que hicieron de vivos, y nisiquiera se recuerda así a los miles de muertos.

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