Friday, November 12, 2010

Iquitos, el sueño del celta y el caucho

Estuve revisando las estadísticas sobre las búsquedas en internet, y sin lugar a dudas, la publicación de "el sueño del celta", publicado por el premio nobel a la literatura 2010, Mario Vargas Llosa, ha despertado mucha curiosidad mundial sobre la historia amazónica relacionada al caucho. Pues Roger Cassement, vino a Loreto, hace un siglo a investigar sobre las atrocidades del empresario loretano Julio Cesar Arana.

Quizas la única ciudad cauchera del Perú, sea en la actualidad Ibería en Madre de Dios, sin embargo lo que muchos ignoran, es que Iquitos, es lo que es por el caucho. Iquitos nunca se hubiera convertido en la urbe más importante de la amazonía peruana, desde que Arana, y otros caucheros, convirtieron esté territorio lejano, en una pequeña urbe de estilo francés.

A todos los incrédulos, les daré algunas pequeñas pistas.
1. La casa de fierro, el principal emblema de Iquitos, vino de Europa en un barco cauchero. Traido por un cauchero.
2. El hotel palace, otro emblema de la ciudad, también fue construido con material europeo, con capitales caucheros.
3. El Colegio Nacional de Iquitos - CNI, colegio emblemático de Iquitos, fue creado por el mismo Julio Cesar Arana. Y ahora hasta tiene un equipo de futbol, en primera división.

4. El colegio Sagrado Corazón, colegio conserva pasillos muy hermosos, hechas con mayólicas europeas.
5. El colegio Rosa Agustina, lleva el nombre de la esposa de Luis Felipe Morey, uno de los principale caucheros de la época. Algo parecido pasó con el estadio Max Augustin.
Recien pude conocer al caucho hace semanas en Iberia, en Iquitos muy pocas personas conocen la forma como se extraia caucho, tampoco conocen los arboles, pues la presión por esos arboles los desapareció. Bueno ya tengo mi bola de caucho, es una de mis reliquias. Fue imposible no traerlo de Iberia. Se lo mostré a algunos intelectuales en la taberna del cauchero, y fue la sensación, se pusieron como niños con juguetes nuevos.






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Saturday, November 06, 2010

Roger Casement, el sueño del celta e Iquitos

Desde hace más de un año he esperado con muchas ganas la publicación del nuevo libro de Mario Vargas Llosa, "El sueño del Celta". Más interesado sobretodo por las ilustraciones relacionadas a los escándalos del Putumayo, que trajeron al suelo el negocio del caucho amazónico, junto a la pérdida del trapecio amazónico que
perdió Perú.

Roger Casement, vino hace aproximadamente un siglo a Loreto, como consul ingles, y su informe fue lapidario para Julio Cesar Arana, y su empresa de cuacheros. A la vez salió a la luz, la muerte de 40 mil indígenas en el trapecio amazónico y toda la amazonía cuachera. Posteriormente Roger fue ejecutado acusado de espia que apoyaba a la causa de la independencia de irlanda, Roger fue acusado de traidor y a la vez es heroe nacional en irlanda. Además hace 100 años, en base a él surgió otro escándalo relacionada presumiblemente a su diario, donde describias prácticas homosexuales pederastas, con los indígenas que visitó en el Putumayo.

El tema es tán rico, que seguirán escribiendose libros, y investigandose más información. Sobre Roger Casement, desde hace años busco información, y bueno en este post estoy agregando algunas imágenes del él.








































































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Tuesday, March 23, 2010

Casa Morey: Hotel cauchero en Iquitos



Caminaba por el centro de Iquitos, antes de ir al partido CNI-Universitario, que tontamente perdió CNI.

Y justo vi una cuadrilla de policías custodiando la Casa Morey (especificamente de Luis Felipe Morey), ex discoteca Papa Piraña, de Beto Ortiz, . Esta casa posee innumerables historias en los años iniciales de nuestra ciudad, pues fue construida en plena época cauchera, ya cumplió su primer centenario. Está junto a la plaza Castilla, y hace 100 años era uno de los principales puertos caucheros de la ciudad, incluso a ésta zona el Amazonas le quitó varios metros de tierra.

Me llamó la atención ver 2 buses con turistas extranjeros, fácilmente llegaban a 100 visitantes de todas las edades. Al acercarme un poco al edificio me sorprendí gratamente con mesas y muebles con estilo de la época del caucho. Su actual propietario (según las referencias un extranjero) se animó a ambientarlo como hace un siglo.


Que interesante que alguien se haya animado a convertir a ésta casona en un hotel. En realidad éste estilo es único en su clase en la ciudad. Aunque aún no sé su nombre.







La más antigua vista aérea de Iquitos. Tomado por el pionero Elmer Faucett. Se puede apreciar el primer puerto de Iquitos, y distinguirse que gran parte de la orilla fue llevada por el rio Amazonas. (1924)





Al pasar por allí, salió un joven norteamericano preguntándome por algún mercado cerca de allí. Le dí una recomendación y seguí mi camino. Verla llena de turistas, me confirmó una vez más el fuerte interés del mundo en nuestra amazonía a pesar de tanta salvajada de nuestras autoridades, y de nuestra propia gente, que no sabe tratar a éstos visitantes que con sus visitas nos pueden dar mejor calidad de vida. Por lo visto el empresario a contratado seguridad las 24 horas del día, no le queda otra, pues sus clientes deben regresar a sus país, integros y contentos.

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Tuesday, January 06, 2009

El conde de Tarapoto: Loretano de la realeza europea


Esta es una interesante historia que encontré en el libro de Ovidio Lagos, Arana, rey del caucho (Emecé, 2005), resulta que un Morey llegó a lograr el grado de noble en Europa sólo para lograr la mano de su amada. Se convirtió en el "El conde de Tarapoto" muy vacilado por sus amigos en la cálida Iquitos .


La foto es de http://www.lorito.com.pe/ sólo es ilustrátiva.


Acá les dejo la historia.

Las familias loretanas –así se denominaban los habitantes del departamento de Loreto- hicieron las valijas y se instalaron en Europa, dejando que el miembro fuerte de la familia se hiciera cargo de los negocios. No lo hicieron por esnobismo, sino por necesidad. Iquitos, sin enseñanza, con calles de barro, con un clima opresivo, con una mínima infraestructura sanitaria, no era el lugar indicado para los reyes del caucho. Sus hijos estudiarían en Europa o en los Estados Unidos, porque era lo mejor para ellos. En París, por ejemplo, existía un colegio con más de cien niños loretanos. Julio César Arana, como veremos, tampoco pudo escapar a este imán europeo: a principios del siglo XX, trasladó su familia a Biarritz, y luego a Londres y a Suiza.

Es inevitable preguntarse qué vida hacían en Europa los loretanos. Fue la era, claro, de los millonarios sudamericanos: caucheros del Brasil y del Perú; cattle barons, de la Argentina; reyes del salitre o del carbón de Chile. Pero a diferencia de argentinos y chilenos que intentaban desesperadamente ser europeos, relacionarse con la nobleza a través de oportunos casamientos y arrasar con cuanto mueble y objeto estaba a la venta para sus palacios franceses de Buenos Aires o de Santiago, los amazónicos optaron por un perfil más bajo, relacionándose esencialmente entre ellos. Tal vez, conocían sus limitaciones frente a la sofisticadísima sociedad europea y no olvidaban que provenían de la selva. Existía entre ellos un esprit de corps que les permitía formar una verdadera comunidad. Acostumbrados por nacimiento a un clima tropical, al excesivo calor y a la humedad, no toleraban el invierno europeo. Con los primeros fríos, se embarcaban rumbo a la isla caribeña de Barbados, hasta que retornara el clima cálido. Curiosamente, todos tenían sus residencias en la misma calle. Hubo excepciones, claro. Siempre había alguien que terminaba deslizándose en los salones parisinos o madrileños, algún enfant terrible que aspiraba a algo más que relacionarse únicamente con loretanos. El ejemplo más destacado fue Manuel Morey del Águila, prototipo del dandy de principios del siglo XX, cuya historia exhibe las extravagancias de la bélle époque. Hijo de uno de los caucheros más prósperos de Iquitos, se enamoró perdidamente, en Madrid, de la hija de un conde. El devenir de ese romance me fue confiado, en Lima, por su propio hijo, Raúl Morey Menacho. El joven Manuel Morey del Águila se dirigió al palacio madrileño donde vivía para solicitar al padre su mano. Pero se encontró con un primer escollo: el noble español no estaba dispuesto a entregar a su hija a un hombre que no tuviera un título nobiliario. ¿Se necesitaba ser, entonces, duque, marqués o conde? Pues bien, el caucho todo lo podría. Asesorado por informadísimas relaciones, Morey solicitó una entrevista con el canciller hispano, Mairata, para adquirir un título de conde. Esta era una costumbre bastante común, en aquella época, donde socialmente era más importante ser noble que haberse graduado en Harvard o en Oxford.

En la España del rey Alfonso XIII, en cambio, un marquesado o un condado eran absolutamente accesibles, sobre todo porque el monarca utilizaba los ingresos que implicaba el otorgamiento de títulos para mantener a sus numerosas amantes, según sostenían algunas versiones.
-¿Dónde tiene usted tierras? –le preguntó el canciller, durante la entrevista.
-En Loreto, Perú –respondió.
-Casi lo mismo le cuesta a usted ser marqués, que es un título mayor.
-No quiero ser más que ella. Quiero ser igual –aseguró Morey.
Después de rigurosos estudios sobre la pureza de sangre, del lugar de donde provenía y del precio que estaba dispuesto a pagar, apareció un día por su hotel una colección de personajes, a hora temprana e inoportuna, ya que el joven aspirante a conde estaba en plenos ejercicios amatorios con alguna atractiva madrileña. Optó por vestirse y descender al vestíbulo.
-Venimos en nombre de su majestad, el rey Alfonso XIII, a comunicarle que su
petitorio ha sido aceptado –dijo el vocero pomposamente.

También le señaló que debía adquirir el uniforme de conde, zapatos con hebillas doradas, un sombrero y una espada con empuñadura de oro.
-Para ser conde –prosiguió el vocero-, debe usted tener tierras.
-Poseo tierras en Tarapoto, en el Amazonas peruano –respondió.
-¿Y qué significa ese término?
-Es una palmera delgada que, en su parte superior, tiene una especie de barriga.


Finalmente, le dieron el título de conde de Tarapoto. Y, junto con el condado, un escudo de armas que era el de los Morey, pero en vez de tener tres moras, ostentaba una palmera alta y barrigona. El rey lo recibió en el Palacio de Oriente y, con pompa y circunstancia, lo declaró conde de Tarapoto. Hubo reverencias y sublimes fotografías junto al monarca. Ungido con un título condal de una remota región tropical sudamericana, Manuel Morey del Águila partió a pedir la mano de su bienamada, solicitando –como corresponde- una audiencia previa con su padre. El conde español lo escuchó, verificó los documentos firmados por el rey y le preguntó si, allá en Loreto, había nobles.
-Algunos, por el lado de la familia del Águila.
-¿Tiene algún palacio?
-No, pero puedo construirlo.
El madrileño lo contempló con escepticismo.
¿Cómo es la vida en Iquitos? ¿De dónde obtiene el dinero?
-Del caucho, por supuesto –respondió orgulloso Morey.
El auténtico conde se paseó por el imponente salón con inequívocos síntomas de intranquilidad. Finalmente, se detuvo y le clavó la mirada.
-Vea, jovencito –dijo . –Ustedes, los sudamericanos, creen que todo lo pueden comprar con dinero, desde un título nobiliario, hasta la mano de una joven. Pues bien: jamás le daré la mano de mi hija para que la lleve a ese infierno –concluyó.
Manuel Morey del Águila, conde de Tarapoto, debe de haber quedado azorado. Para paliar su dolor y humillación, decidió hacer un viaje por el Mediterráneo en compañía de una midinette y un grupo de amigos íntimos. Un día regresó a Iquitos con motivo de la zafra del caucho. Sentado a una de las mesas del Polo Norte, un bar de la ciudad donde se hablaba inevitablemente de política, les dice a los contertulios:
-He estado con el rey de España y me ha otorgado el título de conde de Tarapoto.
Las carcajadas no se hicieron esperar. Quién podía creer en semejante historia.
¡Conde de Tarapoto! Eso sí que estaba bueno. El joven Manuel corrió a su casa y regresó con el título condal y la fotografía que lo mostraba junto a Alfonso XIII de España, ataviado con un absurdo traje, sombrero y espada. Quizás lamentó no haber mantenido en secreto aquella ceremonia y su nueva calidad de noble.
En Iquitos, las bromas que le hicieron a partir de ese momento, terminaron amargándole la vida.

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Saturday, January 03, 2009

Matilde "la india" , flagelada, encadenada y muerta por caucheros de la Chorrera en Loreto


Entre los nuevos contenidos de http://www.lorito.com.pe/ en éste año que empienza, me agradó encontrar el contenido de la denuncia hecha por el periodísta Benjamín Saldaña Roca en "la Sanción" sobre las atrocidades que cometian los caucheros en el Putumayo el 9 de agosto de 1907 (hace 101 años).



Más que una denuncia parece un argumento de una película de terror, les dejó el párrafo que me dio mucha curiosidad.





........El lujurioso Bartolomé Zumaeta, empleado subalterno de la Chorrerra; se apasionó de la hermosura de una infeliz india llamada Matilde y no pudiendo conseguir de ella voluntariamente sus favores y posesión, recurrió al crímen tomándola por la fuerza, no obstante la protestas de su "compañeros" y después de satisfacer sus apetitos carnales, la flajelo, encadenó y encerró en el depósito del Caucho, donde quedó moribunda falleciendo a los pocos diás. .......



(Estoy agregando la tercera parte de la denuncia, las otras 4 se encuentran en http://www.lorito.com.pe/)



No puedo negar que me surge mucha curiosidad de pensar como habrá sido Matilde, y sobre todo la lujuria que se habrá generado en el tal Zumaeta. El cauchero no se pudo resistir, su impotencia lo traicinó, y lo que no pudo conseguir como macho lo forzó a actuar como asesino. En fin en el caso Arana y los caucheros del Putumayo aún hay mucho de que hablar.






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Friday, June 20, 2008

Testimonio sobre las caucherias de la Casa Arana

Los "muchachos" de Arana junto a uno de los más de cientocincuenta
capataces traídos desde las Isla Bárbados como supervisoresde la compañía
cauchera en 1903.
Mr Brown
Julio C Arana
Fotos Facilitadas por www.lorito.com.pe



El termómetro marcaba 32 grados centígrados a la sombra. Y resolvimos entrar al Café La Tagua a tomarnos una “Costeña’’ helada. Su propietario don Francisco Cabrera, viejo pionero de la región y veterano del conflicto de Leticia, nos hizo largas reminiscencias de las caucherías con varios relatos de crímenes y depredaciones de la Casa Arana, con todo su cortejo de ingratos recuerdos de la época en que la amazonia colombiana era llamada el “Infierno Rojo”. Con voz subida de tono, nos dice:
“¿Y no conocen al negro Brown? “. “Fue el capataz de los verdugos de la Casa Arana”. Le dicen en toda la región “Mister Brown’’.”Trabaja en la base naval”.
Nunca sospechamos que un personaje de “La Vorágine’’ estuviera cerca de nosotros. Se nos grabó el nombre: negro Brown. Le dicen “¡Mister Brown!”.
Después de oír a nuestro huésped interesantes narraciones sobre las caucherías, vida de los indígenas y más reminiscencias de la Casa Arana, nos despedimos rumbo a Puerto Leguízamo.
El nombre de “Capataz de los verdugos” fue el tema de conversación de sobre mesa. Por la noche, en el confortable camarote del “ARC Leticia” que gentilmente el Comandante de la Base Naval había asignado a los expedicionarios, la conversación recayó sobre ese extraordinario personaje. Vinieron a cuento la vida azarosa de Arturo Cova, el esfuerzo vital de Clemente Silva y la explotación de los indios por los caucheros blancos. Y nos dormimos profundamente.
El despertar fue maravilloso. A unos pocos centenares de metros la esplendorosa selva del Putumayo aparecía a nuestra vista y frente a nosotros la frontera del Perú. Después del desayuno en la Cámara de Oficiales preguntamos por Mister Brown al oficial de guardia, teniente Vargas, quien amablemente lo hizo llamar por el altoparlante: “Señor John Brown presentarse al Comando de la Base”, por tres veces consecutivas. Esperamos media hora. Viendo que Mr. Brown no aparecía, el Teniente Vargas nos indicó a lo lejos una casita blanca, lugar de su residencia y dijo que el negro trabajaba en la remonta como encargado del gallinero.
A las 3 p.m. fuimos en grupo a visitarlo. Traspasamos la puerta de un extenso lote cercado de malla de alambre con una casita al centro. Saludamos en voz alta: “¡Buenas tardes señor Brown!”, le dijimos. –Somos de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano y estamos en gira de estudio. Deseamos que el país conozca las posibilidades, problemas y necesidades de esta región. “Muy bien”, contestó secamente.
Nos encontramos frente a un negro de 1.85 metros de estatura, blanco de canas, sin dientes y algo de desconfianza. En su buena época tuvo que ser un gigante pues a pesar de sus 85 años, bien vividos, denota que fue un dominador de hombres y manigua. En un español con marcada pronunciación extranjera nos contestó a la primera pregunta, amablemente, no sin antes haber cambiado ideas sobre avicultura y diferentes aspectos de la región. Cuando ya le inspiramos más confianza, Roberto Sanabria, estudiante de Recursos Naturales y avicultor, le habló de colega a colega, soltándole la primera pregunta.
-¿Dónde nació usted, Mister Brown?
- Nací en Chicago en el año de 1873. Es la ciudad a orillas del Lago Michigan. Soy nieto de esclavos.
- ¿Qué lo trajo hacia estas tierras? Le preguntó nuevamente.
- Pues la leyenda del oro líquido (el caucho) atrajo a muchos blancos y a muchas gentes de todo el mundo. Yo trabajaba como maquinista en barcos ingleses y me vine en uno que navegaba al Amazonas. Me embarqué en 1903.
- ¿Conoció a los dueños de la Casa Arana?, le preguntó Monroy.
- Los conocí a todos, hasta los fundadores. Y nos explica que la casa Arana fue fundada por unos colombianos, los Calderón y el pastuso Benjamín Larrañaga. Estos se asociaron a los peruanos Julio, Lisandro y Abel Arana y Carlos Seminario, para constituir la firma “Larrañaga, Arana y Cía.”, que más tarde se convirtió en “Arana Hermanos” y después en “The Peruvian Amazon Co.”, con sede en Londres.
- ¿En qué año comenzó a trabajar en esa Casa?
- Me contrataron en Iquitos en 1903 y trabajé con ellos por todo el Amazonas, principalmente en los ríos colombianos, hasta 1911.
- ¿Cuántos indios trabajaban en la Casa Arana?
- Alrededor de sesenta mil indígenas.
- ¿Y cómo era la cacería de indios?
- La Casa Arana organizaba con unos 200 capataces partidas de caza para capturar indios con destino a las caucherias.
- ¿Y por orden de quién se hacían?
- Pues por orden de los altos empleados de la Casa.
- ¿Y quiénes eran los capataces de la Casa?
- Los mismos indios servían de capataces.
Seguí yo interrogándole y pregunté quienes flagelaban a los indios.
Se quedó pensativo y contestó:
- Como le dije, los mismos indios tenían sus capataces que eran los flageladores.
- ¿y usted de quién dependía?
- Mi jefe era el peruano Abel Agüero. Pero los había de otras nacionalidades.
- ¿Cómo trataban los blancos al indio y qué salario le pagaban?
- Por todo salario el indio recibía un pantalón y una camisa cada tres meses después de haber entregado su cuota de trabajo que consistía en muchos kilos de caucho. La comida tenía que procurársela el indio, pescando y cultivando la yuca para hacer la “fariña” en sus horas libres que, por ciento, eran muy escasas.
- Se dice que cuando el indio no cumplía con su cuota de trabajo lo azotaban con látigo. ¿Es cierto?
- Si no cumplía con sus obligaciones al indio lo azotaban sus mismos capataces con un látigo, hecho de cuero de danta, con cuatro chicotes en sus extremidades. Había muchos que no resistían el castigo y morían.
- ¿Cómo supieron en el mundo las atrocidades de la Casa Arana?
- Cuando la Casa Arana se transformó en la Peruvian Amazon Co vinieron Mr. W.E. Hardenburg y otro periodistas a quienes yo les denuncié los crímenes que estaban cometiendo los peruanos y les di todos los datos que sirvieron para publicar el Libro Rojo del Putumayo, publicado por el Gobierno Inglés, para relatar al mundo las atrocidades de la Casa Arana, en donde se afirma que en 10 años el número de los indios se redujo de 50.000 a 10.000, lo que dio un promedio de 4.000 asesinatos por año. Yo tenía un manuscrito con valiosos apuntes que me lo hicieron desaparecer los peruanos. Y también me quisieron asesinar. Pero un amigo me avisó a tiempo y me salvé milagrosamente. Mr. Brown cree que está viviendo en esa época y finaliza el párrafo: “Los peruanos me mascan pero no me pasan”.
Le pregunté si él conoció a los personajes de “La Vorágine”: se pone serio y con algo de mal humor denota que el tema no le agrada y dice:
- Esa es pura novela. Dice muchas mentiras. José Eustasio Rivera no estuvo aquí. Esa novela no es de él. Para escribirla le compró el manuscrito a Arturo Cova, recogió datos de Miguel Pezil, de Larrañaga y del Libro Rojo del Putumayo.
Le pregunté si había conocido a esos personajes y dijo:
- Conocí a Arturo Cova y a Miguel Pezil y a Alicia. La turca no existió – Se refería a Zoraida Airam-. Había muchas por el estilo y de diferentes nacionalidades.
Es todo mentira, ¡pura mentira!
Esperamos que se calmara un poco y le ofrecí un cigarrillo.
- ¿No piensa regresar a su patria Mr. Brown?, le dije.
Contestó con un rotundo no. Nos explicó que cuando alguna vez estuvieron funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos, inclusive el propio Embajador conociendo el Putumayo, él había hablado con todos, quienes le hicieron la misma pregunta a lo cual Mr. Brown les dijo mostrándoles su piel: “Allá no quieren a los negros, prefiero quedarme en la selva”. Y mostraba con el índice la piel de sus manos morenas.
Lo notamos un poco cansado y resolvimos no hacerle más preguntas. Pero no parecía tal, pues se levantó del asiento y sacó una maleta que tenía debajo de la cama rodeada de un mosquitero. La abrió con cuidado y extrajo de varios sobres algunos papeles, entre otros, unos certificados por servicios que prestó durante el conflicto con el Perú. Y nos habla con vehemencia de que en dos oportunidades luchó por Colombia. En el sitio de La Pedrera, al mando del General Gamboa, en 1912, con un grupo de 30 valientes pusieron a raya 400 soldados peruanos, comandados por el más tarde Mariscal Benavides, hasta que lograron burlarlos y, cumplió, más tarde, varias misiones importantes durante el conflicto de Leticia. Nos muestra, haciendo ademán de satisfacción un documento que indica la misión pormenorizada que cumplió a través de la selva en medio de grandes penalidades.
Le preguntamos si no tenía familiares. Y con una sonrisa nos dice.
- He tenido 18 hijos en la amazonía, sus madres son brasileras, peruanas y colombianas, todas murieron. Además he sido colono, fundé a Puerto Brown, sobre el Putumayo, del cual no existe sino el sitio.
En la selva retumbaba un nombre: Brown… Brown…

Tomado de: Molano Campuzano, Joaquín. LA AMAZONIA , MENTIRA Y ESPERANZA

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Thursday, June 05, 2008

Foro y Muestra Fotográfica del Centenario del Genocidio y Resistencia Indígena del Putumayo








Las fotos del post, no creo que vayan ser las expuestas, sin embargo se relacionan al tema, las extraí del Servicio de Fotografías Históticas de www.lorito.com ( http://www.lorito.com.pe/DetalleFotoHistorica.aspx?idFoto=0&consulta=caucho)

Me llegó por email esta invitación:


Les hago extensiva la invitación a participar del "Foro y Muestra Fotográfica del Centenario del Genocidio y Resistencia Indígena del Putumayo" que se realizará el viernes 6 de junio a las 7:30 de la noche en la Ex Prefectura de Loreto.

La actividad es organizada por la Coordinadora Nacional de Radio, CNR, con el auspicio de la Cooperación Suiza, y el co auspicio de la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, las Municipalidades Distritales de San Juan, Punchana y del Putumayo, el semanario La Verdad y radio Ukamara de la ciudad de Nauta.


En esta ocasión ensayamos una entrada diferente al tema: A través de las sensibilidades humanas provocadas por el conocimiento de estos hechos. Tendremos la participación de por lo menos tres indígenas que compartirán sus testimonios con nosotros, lo mismo que un mestizo, respecto de lo que significa en el plano personal luchar por la defensa de los derechos de los pueblos indígenas.

Hay dos descendientes del prueblo huitoto que nos cuentan sus recuerdos, uno de ellos de 84 años que precisamente conoció personalmente a uno de los más sanguinarios Gerentes de Arana. Asimismo quiero pedirles que esta invitación la hagan circular entre sus conocidos y cercanos que puedan asistir a la reunión. Les esperamos.

Oraldo Reátegui Segura - Radio La Voz de la Selva.

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Saturday, February 09, 2008

JULIO CESAR ARANA EL GENOCIDA PERUANO


Por allí me facilitaron el acceso a unas fotos de páginas de LA FELPA, Quincenario Político, Satírico y Caricaturas, y uno de los medios emblemáticos de Iquitos del principio del siglo pasado.


Donde abordan temas de coyuntura del momento, la foto que estoy mostrando es una ilustración de todo el escándalo surgido a raiz de la denuncia de las masacres de indigenas del Putumayo, hechas por los caucheros.



El dibujo es impactante, que pena que se recuerde poco el tema, se habla muy poco de ello en el sistema educativo loretano y peruano. Y es más en diversas ciudades amazónicas existen muchas calles con nombres de Arana y otros caucheros como Carlos Fermin Fitzcarrald. Que son recordados y homenajeados por lo que hicieron de vivos, y nisiquiera se recuerda así a los miles de muertos.

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